bolsa de Chicago


puerto de Bilbao
En los últimos 30 años las antiguas ideas de producción y abastecimiento han cambiado. Antes del 76, la filosofía era producir todo lo que se podía y esperar a que se vendiera. Esto obligaba a consumir grandes cantidades de espacio y energía en almacenamiento y transporte. El mercado, incapaz de sostener la estructura industrial, sacrificó todo un patrimonio de gran potencial y, mientras las empresas se hacían con nuevas herramientas de gestión, la producción se trasladó a los países en vías de desarrollo.
Las nuevas herramientas están inspiradas en las creadas tras la reforma de la agricultura. La “Bolsa de Futuros” es uno de los mercados más frenéticos del mundo. En Chicago se negocian grandes cantidades de comida que todavía no existen, pero este mercado no es como las bolsas de acciones. Está ordenado en dos espacios: una sala de broukers y, otra de analistas, el cerebro que estudia la posible oferta y demanda mundial de arroz, maíz, soja… Más que jugar a la bolsa, sus agentes, sincronizan a productores y consumidores, agricultores e industrias alimentarias.
Hoy los análisis de mercado de productos terminados: coches, camisetas, leche en polvo… son más modelos que datos. No hay una herramienta como la “Bolsa de Futuros”. No hay un lugar donde los consumidores finales especifiquen sus necesidades, dudas o deseos. En cambio, se ha extendido sobre todo el mundo una red que atrapa información confusa. Quizá ese nuevo espacio virtual, Internet, pueda materializarse. Quizá en un nuevo edificio público, como los mercados tradicionales, donde los clientes puedan recibir un servicio personalizado y los comerciantes tengan con ellos un trato directo.
Gracias a las nuevas tecnologías, y a los usos y costumbres que están generando, cualquiera podría hacer uso de un espacio así. Un peatón, preocupado porque no sabe qué móvil comprarse, podría entrar a un hall lleno de pantallas y marcadores, y ver los mensajes que han dejado otros consumidores de teléfonos. Este edificio sería el foro donde cotizan los artículos concretos.
Las nuevas herramientas están inspiradas en las creadas tras la reforma de la agricultura. La “Bolsa de Futuros” es uno de los mercados más frenéticos del mundo. En Chicago se negocian grandes cantidades de comida que todavía no existen, pero este mercado no es como las bolsas de acciones. Está ordenado en dos espacios: una sala de broukers y, otra de analistas, el cerebro que estudia la posible oferta y demanda mundial de arroz, maíz, soja… Más que jugar a la bolsa, sus agentes, sincronizan a productores y consumidores, agricultores e industrias alimentarias.
Hoy los análisis de mercado de productos terminados: coches, camisetas, leche en polvo… son más modelos que datos. No hay una herramienta como la “Bolsa de Futuros”. No hay un lugar donde los consumidores finales especifiquen sus necesidades, dudas o deseos. En cambio, se ha extendido sobre todo el mundo una red que atrapa información confusa. Quizá ese nuevo espacio virtual, Internet, pueda materializarse. Quizá en un nuevo edificio público, como los mercados tradicionales, donde los clientes puedan recibir un servicio personalizado y los comerciantes tengan con ellos un trato directo.
Gracias a las nuevas tecnologías, y a los usos y costumbres que están generando, cualquiera podría hacer uso de un espacio así. Un peatón, preocupado porque no sabe qué móvil comprarse, podría entrar a un hall lleno de pantallas y marcadores, y ver los mensajes que han dejado otros consumidores de teléfonos. Este edificio sería el foro donde cotizan los artículos concretos.
1 comentario:
Ta way.
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